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miércoles, 12 de febrero de 2014

APUNTES SOBRE ZECHARIA SITCHIN

Ariel Ovando* 

"El dios de los escribas me ha concedido el don de conocer su arte.
He sido iniciado en los secretos de la escritura.
Puedo incluso leer las intrincadas tablillas en shumerio;
comprendo las enigmáticas palabras talladas en la piedra
de los días anteriores al Diluvio".

 Assurbanipal [1]

¿Fue Adán el primer bebé de probeta? La asombrosa pregunta se la hace Zecharia Sitchin en varios de sus libros acerca de la cultura sumeria y su vinculo con los Anunnaki, seres mitológicos cuyo nombre el autor traduce, literalmente, como "aquellos que de los cielos a la tierra vinieron"; fascículos que conforman una larga serie que dio comienzo allá por 1976 con el exitoso "El duodécimo planeta"y que dio una gran cantidad de secuelas, numerables en la saga "Crónicas de la tierra", de las cuales he seleccionado, específicamente, tres como fuentes para este trabajo: "El Génesis revisado", "Hubo gigantes en la tierra" y "Encuentros divinos" [2]

Reptilianos
Crédito: guioteca.com
El autor ruso rehúye de la búsqueda ontológica clásica de la filosofía, y con mejor criterio (al menos para los que buscamos tener entre las manos un texto ameno, novedoso y enriquecedor, un mejor criterio para lograr un libro que responda a éstas exigencia propias del lector), interpreta los sucesos de la mitología sumeria (y otras culturas milenarias) con el paradigma tecnológico; es decir, retoma aquél axioma de Bradbury por el cual la tecnología desconocida no ha de diferir demasiado de la magia. Todo esto da por resultado una serie de interpretaciones que resultan encantadoras para el lector ávido de encontrarse con evidencias de la paleoastronáutica, y que ven demasiado aventuradas las teorías de, por ejemplo, el escritor suizo Erich von Daniken. Una diferencia entre ambos resulta por demás notable: la habilidad de Sitchin como traductor de lenguas pretéritas, en particular, del sumerio y del acadio, ayuda a conformar en sus textos un prolijo núcleo teórico en los cuales no solo se describe la simple interacción de las culturas primitivas con inteligencias exóticas, sino como nuestra especie sería el resultado de una hibridación genética humano-extraterrestre. Pero vayamos por partes.

Mucho se ha escrito y especulado acerca de cómo conductas de nuestros ancestros nos influyen de modo inconsciente, a través de convenciones sociales que involucran a los comportamientos más evidentes y los más subrepticios sin distingo alguno. Prueba de ellos son las religiones, su vigencia puesta en evidencia por celebraciones y ademanes, los infinitos rituales humanos vinculados al nacimiento, la reproducción, la prosperidad y la muerte. Sitchin se permite ir un poco más lejos: afirma que la tradición bíblica (una adaptación hebrea de antiguos mitos sumerios y babilónicos) nos da serios indicios de que el dios detrás de los sucesos de la Creación es, en realidad, todo un panteón de deidades (el autor relata que la inquietud acerca de una historia universal para leer entre líneas surgió cuando, aún en edad escolar, notó que la palabra "Elohim" es en realidad un sustantivo más eficientemente traducido si es plural), y que los mismos, en calidad de padres creadores de nuestra especie, nos han dejado una inequívoca marca genética: nuestra avidez por el oro. La asombrosa afirmación supone la naturaleza agónica del planeta original de los Anunnaki, llamado Nibiru (traducido literalmente como "planeta de paso", llamado"planeta X"), el cual necesitaría hacer uso de una fina película áurea para evitar la desolación definitiva, y cuya materia prima es extraída de diversos yacimientos alrededor de... nuestro planeta.

La cosmogonía sumeria relata como la primer misión de los Anunnaki llegó a la tierra y se estableció en el Golfo Pérsico para realizar tareas de extracción y como, una vez determinado el fracaso en una etapa inaugural de la misma, una nueva incursión, con más personal y novedosas tecnologías de extracción del preciado mineral en la zona del África septentrional (el "Abzu", de acuerdo a las tablillas sumerias), desencadenaría una serie de hechos que tuvieron como resultado la creación del homo sapiens, tal como lo conocemos.

Cuando los astronautas Anunnaki (los Igigi, "los virtuosos de los cohetes") se rebelaron contra sus líderes, en particular contra el dios Enlil (quien tenía a cargo la misión en la tierra) reclamando a viva voz por mejores condiciones de vida. "Somos astronautas, no mineros esclavos", fue la premisa en aquellos días protohistóricos.

Es aquí donde la interrogante inicial de éste texto adquiere un sentido inesperado. Aparentemente, la solución encontrada por los Anunnaki para continuar con las tareas de extracción fue la creación de un "lulu", es decir "un cruzado", un ser híbrido, resultado de la manipulación genética extraterrestre sobre el homo erectus, al cual añadieron su propio ADN.  Llamaron al nuevo ser "Adamu" (nótese el parecido que tiene con el vocablo "Adán", del hebreo), el cual, luego de un tortuoso proceso de prueba y error (los primeros humanos no podían reproducirse, eran incontinentes o morían al poco tiempo, y muchas veces no tenían la inteligencia suficiente para manejar herramientas muy rudimentarias) fue destinado a las labores de minería, casi exclusivamente (merecen un apartado anécdotas que no relatan como algunos "lulus" fueron reducidos a la servidumbre o al oficio ritual)[3]

Cabe señalar la correspondencia del mito del diluvio en varias civilizaciones antiguas, como la hebrea, la china, o la hindú; eventualmente esta cosmogonía cuenta con un diluvio universal, pero lo novedoso es que aquí, todo parece indicar que tamaño holocausto no tenía otro objetivo que barrer los seres con defecciones genéticas. Puestos ante la evidencia de que antiguos textos describen eventos tecnológicos, estaríamos en presencia de una operación eugenésica, y no padeciendo la inestimable descarga de un castigo divino.

Sin dejar de atender a la prolijidad del trabajo de Zitchin, a su lectura exhaustiva, a su continuo afán en la comprensión, y reconstrucción de piezas lingüísticas de carácter virtualmente arqueológico, a la evolución de lenguas muertas, a las cuales accede en sus más íntimos rudimentos, hay que hacer un reparo importante a parte de su obra, y no es precisamente en lo que concierne a la específica traducción de las tablillas con caracteres cuneiformes (se ha sabido de detractores que han presentado sus críticas a ésta, sin embargo, es un tema que trasciende largamente a esta entrada y a los conocimientos de lingüística de quien escribe): en una especie de integrismo renovado a partir del relato tecnológico, Zitchin busca, más que establecer territorios de diálogo (entiéndase el sentido netamente lúdico que le atribuyo, más como crítico que como observador científico) entre el mismo y esas literaturas sagradas, vindicar a éstas últimas como la evocación de eventos que bien pueden explicarse con los términos de un paradigma técnico ( en un rol de productor e intérprete de sucesos al menos infrecuentes), sin proponer en ningún momento la superación del pomposo discurso teológico: se diría que él lo entiende apenas como una confusión de términos. 

Llega a relatarnos sus entredichos con los creacionistas, no para oponerles la teoría de la evolución, sino para decirles que la Biblia tiene razón, que el verdadero error consiste en interpretarla literalmente [4]; que afirmaciones tales como:


 "y el Espíritu de Yavhé  se movía sobre la superficie de las aguas" 

alude en realidad al origen de las primeras formas de vida en un caldo primordial, o que:

 "produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra" 

alude a la creación de las formas vegetales, antecediendo a la aparición de los animales, que en texto genésico queda asentada con aquello de "produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra"; semejante aseveración parece no tener en cuenta que muchos filósofos presocráticos (aún no se desliaba la especifidad de las ciencias, por lo que problemas propios de la biología les requería de la misma manera que cuestiones netamente ontológicas) también proponían los elementos como razón primera de las cosas, haciendo particular hincapié, justamente, en el agua (una forma de intuición que quizás tiene que ver con el hecho de que aquellos primeros cientistas consideraban a los seres acuáticos como formas de vida primitiva). 

Así, una obra cargada de  especulaciones enriquecedoras, termina empobreciéndose y su acento innovador, peleándose de manera casi irremediable con toda clase de aproximación a la ciencia (mientras escribo, me resulta imposible no pensar en la tramposa noción del diseño inteligente, y otras tantas teorías de dudosa cientificidad, sacadas a la palestra por grupos fundamentalistas en todo el mundo).

El Premio Nobel Francis Crick, co-descubridor de la doble hélice de ADN, se preguntó alguna vez: "¿Cuáles son las posibilidades de que un tornado que pase por un lote de basura que tiene todas las partes de un avión, accidentalmente se junten y creen otro avión listo para despegar? Las posibilidades son tan remotas e insignificantes incluso si un tornado pasara por todos los lotes de basura del universo (...) Esto significa que no es posible que la célula pase a existir por medio de coincidencias, y por lo tanto, de modo definido, tiene que haber sido “creada . De la misma manera, Crick se pregunta si es posible que de un modo absolutamente natural, el hombre hubiese dado en un tiempo relativamente corto en los términos de la evolución, el tremendo salto que supone el pasaje del homo erectus al homo sapiens. A la luz de las afirmaciones del galardonado biólogo, las teorías de Sitchin son particularmente encantadoras: nos seduce su coherencia interna, y la revalorización del universo mitológico en términos que a nuestra cultura posmoderna les resultan muy familiares: no cualquiera encontraría ameno indagar el panteón de la antigua cultura sumeria, y en cambio, son muchos los que han encontrado en los libros del autor ruso, recientemente fallecido, un auténtico aliciente para despertar su curiosidad respecto de la Antigua Mesopotamia, o han repartido sus cavilaciones en la biología, la arqueología, astronomía, entre tantas otras ciencias. En esta primera aproximación a su obra, no sería justo dar por terminado el texto sin decir, a título absolutamente personal, que encuentro su obra curiosamente entretenida, un punto de partida para tantas indagaciones e intelecciones como nuestro humano ingenio lo permita.

 5 de Diciembre de 2012


[1] Zacheria Sitchin, El duodécimo planeta,  editorial Obelisco, Buenos Aires, pág. 15.

[2] Todos publicados por editorial Obelisco, Buenos Aires.

[3] Zacheria Sitchin, El Génesis revisado, pág. 169, Hubo gigantes en la tierra, pág. 151, editorial Obelisco, Buenos Aires, Argentina.

[4] Zacheria Sitchin, El Génesis revisado, editorial Obelisco, Buenos Aires, pág. 168.

[5] "Expresión Binaria.com", 07/08/13

* Corresponsal de OVNIS en Corrientes en Curuzú Cuatiá - Corrientes

martes, 21 de enero de 2014

LOS CAMINOS DE PISCIS

Ariel Ovando* 

No es necesario repetir que el método es compatible con la sorpresa, y que más que estar en las antípodas, uno de ellos bien puede dar forma y reforzar al otro; ahora, cambiemos la palabra "sorpresa", por la palabra "azar", y sin duda tiene más que ver con andar husmeando libros y metiendo la nariz páginas web de manera aleatoria (pero muy divertida); a la búsqueda de seres pisciformes, uno tarde o temprano se encuentra con las leyendas, y figuras, del dios africano Nonmo, quien era un híbrido que podía deslizarse por las aguas, o caminar en la tierra firme, sin que en ninguna de estas dos formas de locomoción se lo vea precisamente torpe. Pero, uno se topa a veces con el folklore de otras partes y etnias de África: en este caso, los zulúes. De una entrevista a un chamán zulú extraigo el siguiente, bello y perturbador relato:

Representación Dogon de Nommo
Crédito: www.abovetopsecret.com
"Cada niño en Sudáfrica, señor, sabe el cuento de una princesa que se llamaba Khombecansino. Khombecansino se iba a casar con un guapo príncipe de nombre Kakaka, nombre que significa “el iluminado”. Ahora, un día mientras Khombecansino estaba recogiendo leña, se encontró con una criatura conocida como un Imbulu, y esta Imbulu era un lagarto que tenía el cuerpo y extremidades de un ser humano, pero tenía una cola larga. Y este lagarto le habló a la Princesa Khombecansino: “Oh, que bella eres, chica, yo quisiera ser como tú. Desearía lucir como tú. ¿Puedo acercarme?”, dijo la mujer lagarto Imbulu a la princesa. Y la princesa respondió: “sí, puedes”. Y cuando la lagarta se acercó, la cual era más alta, le escupió en los ojos a la Princesa y comenzó a transformarse. Es decir, la lagarta cambió repentinamente a forma humana pareciéndose cada vez más y más a la chica, con la excepción de su larga cola. Entonces, con una repentina violencia, la mujer lagarto envolvió a la princesa y le quito sus brazaletes, su collar, su falda de boda, y se los puso. Así, la lagarta se convirtió en la princesa. Ahora había dos mujeres idénticas en los arbustos, la mujer original y la reptiloide transformada. Y la mujer lagarto le dice a la original: “Ahora tu eres mi esclava. Ahora tú me acompañarás al matrimonio. ¡Yo seré tú y tú serás mi esclava, vamos!” Agarró un palo y empezó a golpear a la pobre princesa. Entonces se fue, acompañada por otras chicas, que eran damas de honor, según la costumbre Zulú, y llegó a la aldea del Príncipe Kakaka. Pero antes de llegar, ella tenía que hacer algo con su cola, o sea, la mujer transformada tenía que, de alguna forma u otra, esconder su cola. Entonces, obligó a la Princesa a que le tejiera una malla de fibra, y luego recogió su cola y la amarró ajustadamente a sí misma. Ahora parecía una mujer Zulú atractiva, de trasero muy grande, cuando se la veía desde afuera. Después, cuando llegaron y ella se volvió la esposa del Príncipe, algo raro comenzó a suceder en la aldea. Toda la leche desaparecía porque cada noche la Princesa transformada, la Princesa falsa, se soltaba la cola, la cual chupaba toda la leche agria a través de un hueco en la punta de ésta. La suegra dijo: “¿Qué es esto, por qué se está desapareciendo la leche? Y agregó: “No, ya veo, hay un Imbulu entre nosotros”. La suegra, una mujer muy inteligente, dijo, “hay que hacer un hueco al frente de la aldea y se tiene que llenar con leche”. Y esto se hizo. Entonces, se les ordenó a todas las chicas que venían con la falsa Princesa a saltar en el hueco. Una detrás de la otra, saltaron. Y cuando obligaron a la metamorfa, a punta de lanza, a saltar, su larga cola se soltó de la malla bajo su falda y empezó a chupar leche a través del hueco, y los guerreros mataron a la metamorfa. Así, la verdadera Princesa Khombecansino se convirtió en la
esposa del Rey Kakaka".

Esta y demás apariciones de seres reptilianos o pisciformes, en mis notas por venir.

16 de Diciembre de 1013

* Corresponsal de OVNIS en Corrientes en Curuzú Cuatiá - Corrientes

viernes, 20 de diciembre de 2013

EL DRONE Y LA CRIATURA DEL RÍO CORRIENTE

Ariel Ovando* 

"Huso: Tipo de OVNI de forma cilíndrica y extremos romos. Según diversos
avistamientos, su longitud varía de entre pocos metros a más de un kilómetro,
siendo en este último caso clasificado como “naves nodriza”."**
Crédito: La Exuberancia de Hades
 

El fenómeno OVNI, ya sea en lo que podemos considerar como la era moderna de los avistamientos, aquella que comienza con Keneth Arnold en 1947, como en sus manifestaciones más antiguas, prolijamente enumeradas por Jacques Vallé o aquellas que traen a la palestra (cuando no las crean) los autores que pululan en la actualidad con la temática del antiguo astronauta, ha sido susceptible de diversos matices que han llegado a hacerla harto compleja, y por qué no, hasta pintoresca: muchas veces el fenómeno ha contado con elementos que bien podrían inspirar historias de ciencia ficción, o tecnologías venideras, tal el caso de los vehículos aéreos no tripulados, conocidos hoy en día como "drones". Pero es más en la era contemporánea de los avistamientos que se puede hablar dentro de las estimables precisiones, y describir la presencia de estas sondas de exploración dentro de un contexto estrictamente tecnológico, e inferir una posible función de tales vehículos respecto de una "nave madre".

En una entrada anterior hablaba de la zona del río Corriente, rica en casuística de avistamientos, y ésta es una relación de una de tantas experiencias en dicha zona. La fecha se ha perdido en el tiempo, pero es lo particular del relato lo que llama la atención (desde siempre he relegado la naturaleza física del fenómeno, para detenerme de manera algo imprecisa en la repercusión social del relato ufológico, cosa que ha hecho de manera más notable y exacta el amigo Andrés Salvador), pues es uno de esos relatos señeros que, o bien terminan por referir un suceso recurrente, o bien funciona de punto de partida para nuevos relatos, en los cuales inferir sobre su veracidad, o no, trasciende largamente lo que me he propuesto.

Se sabe que una noche del año 1988, en las cercanías de la ciudad de Chavarría (Departamento de San Roque  - Corrientes), un grupo de amigos (Gerardo, Javier, y un tercer testigo no identificado) acampa en la zona, luego de viajar alrededor de 3 horas desde Curuzú Cuatiá hasta las márgenes del citado río. Como siempre, la noche transcurre dentro de la esperable monotonía hasta aproximadamente las una de la madrugada, hora en la que avistan una luz a una altura relativamente baja respecto del horizonte, y cruzando el cielo en dirección oeste- este. Al grupo de amigos le llamó poderosamente la atención el fenómeno que acababan de observar, conjeturando incluso que la luz era demasiado grande como para ser un satélite artificial o una estrella fugaz (así refieren a la caída y posterior desintegración de un meteorito sometido a la fricción de las capas de la atmósfera). Por unos minutos comentan el suceso, para luego volver a concentrarse en las tareas que los ocupaban aquella noche de verano.
 

"Rio Corriente, en las proximidades de Chavarría"**
Crédito: Facultad de Humanidades - Universidad Nacional
del Nordeste
Aproximadamente una hora después del primer avistamiento, dos de ellos deciden ir a ver las líneas de pesca que habían dejado campo adentro, y fue entonces cuando una visión los estremeció de una manera que no iban a olvidar el resto de sus vidas: delante suyo, y a 50 metros de distancia, un objeto cilíndrico, de aspecto metálico, flotaba a unos escasos 5 metros de altura, despidiendo una luminiscencia levemente violeta, emitiendo un leve resplandor que no alcanzaba a iluminar de lleno a los amigos que se detuvieron, boquiabiertos, a verlo durante un par de minutos. El objeto en cuestión tendría unos 3 metros de longitud por unos 50 cm. de diámetro (los testigos me lo describieron como "un enorme tubo fluorescente"), y cuando todo hacía suponer que mantendría su posición fija sobre el terreno, se desplazó hacia los testigos con un movimiento giratorio sobre su eje horizontal (ellos hablan de que aquel tubo fluorescente empezó a realizar una especie de barrido en la zona), hasta llegar aproximadamente a unos 15 metros de su posición. Luego, y con la misma lentitud con la que se había acercado, volvía al sitio original para retomar el barrido en otras direcciones.
 
Si esa evolución del objeto se daba de manera más o menos organizada, o completamente aleatoria, es algo que los testigos no se quedaron a comprobar, ya que, aterrados, corrieron todos al auto para emprender una rápida huida. Fue cuando cruzaron un pequeño puente, metros adelante, y escucharon venir desde abajo del mismo un fuerte rugido que describieron como muy similar al de un león. Esto los aterró más aún, y obligó al conductor a pisar el acelerador literalmente hasta el fondo hasta llegar a la ciudad de Mercedes, distante por carretera a una hora del lugar del avistamiento.

Una especulación les resultó obvia por aquellos días, y era que aquél objeto avistado en proximidades del río estaba realizando una búsqueda por la zona, con el fin de dar con la ubicación de una criatura no identificada que estaba debajo de aquel puente, y que los testigos no llegaron a divisar, pero si a escuchar de modo harto escalofriante. Recuerda a otros tantos casos en que un vehículo aéreo no identificado era avistado junto a una criatura (incluso el Sasquatch), y por qué no, al avistamiento de OVNIS y criaturas desconocidas en el resonante caso de Varginha, acaecido en 1997. Similares conjeturas se tejen alrededor del críptido conocido como "el chupacabras", cuyas apariciones empiezan a mitad de los años noventa en centroamérica, pero del cual hay testimonios de su presencia en todo el continente.

Considero valioso el relato de la experiencia por la credibilidad de los testigos, que por aquél entonces contaban con alrededor de 20 años, y que, consultados en muchas ocasiones acerca del suceso, relatan la misma historia sin caer en evidentes contradicciones. Nos presenta la figura del vehículo no tripulado de reconocimiento, antes de que sea una constante de los escenarios bélicos en todo el mundo, antes de que sea considerado incluso, un aporte más al apartado de los avistajes mal interpretados. Es quizás un caso único en nuestra provincia, en la que abundan relatos sobre avistamientos en zonas de ríos, arroyos y esteros. Casos que, al menos en la era moderna de los OVNIS, se repiten siguiendo este patrón de comportamiento en todo el globo, y que abren el panorama a muchas y diversas interpretaciones acerca de la naturaleza y misión de aquellos objetos y sus tripulantes en nuestro ámbito más familiar. Pero esa, amigos, ya es otra historia.
2 de Diciembre de 2013

* Corresponsal de OVNIS en Corrientes en Curuzú Cuatiá - Corrientes
** Imagen a título de ilustración

martes, 3 de diciembre de 2013

CRÓNICA DE UN AVISTAMIENTO EN LAS CERCANIAS DE LA CIUDAD DE CHAVARRIA - CORRIENTES

Ariel Ovando*


OVNI** - Crédito: Carlos Doblas
Las zonas rurales tienen la virtud de ser una especie de santuario, en donde se preservan las geometrías antaño sagradas de las constelaciones y planetas,  debido fundamentalmente a que allí no suele existir la contaminación lumínica de las zonas urbanas: al no ser entorpecida la visión por el resplandor de las diversas fuentes de luz eléctrica, conformando un halo sobre las zonas pobladas con cierta densidad, podemos entonces admirar el cielo sin que constelación alguna se escape a nuestra observación e incluso análisis, a no ser que las limitaciones sean las propias del ojo humano, o las de la cierta curiosidad limitada que lo encuentre tedioso, cuando no en vano. Es justamente esta inquietud la que nos hace perder el tiempo en la noches sin profusión de lo moderno, y nos convida con la sospechada movilidad de estrellas, o la confusión de astros qué, no siendo debidamente catalogados por la cultura propia del observador, son confundidos con orbes volantes. Esta introducción, que muchos de ustedes juzgarán como tediosa y banal resulta, sin embargo, digna de mención, pues no voy hablarle de otra cosa más que un OVNI, ajustándome a la exactitud de esas siglas. Mi relato tiene que ver con un objeto volador no identificado y no con una máquina de tecnologías exóticas haciendo una incursión sobre las zonas húmedas de la provincia de Corrientes. Al menos, no es esa mi intención, la de escribir un texto basado en la mera especulación, o al menos, no me propongo entretenerles aquí con la hipótesis gratuita y aventurada para agregarle espectacularidad al testimonio. Pido,  sin embargo, admitir ante Uds. mi perplejidad en la cuestión , y es que puedo decir sin temor a duda que aquella visión de hace un par de años, no tenía en absoluto que ver con alguna aberración óptica, ni tampoco con un fenómeno astronómico mal interpretado.
 
Vayamos al grano. La noche en cuestión abarca en realidad, dos fechas: empezó en los últimos minutos del domingo 25 de marzo del 2011, y dio fin antes de cumplirse la primer hora del día lunes. ¿El lugar? Cercanías de la ciudad de Chavarría, a unos 200 km. de la capital provincial, sobre la ruta provincial 123. Acá es donde me permito una última aclaración preliminar: la zona en cuestión es la del río Corriente, dotada de una importante casuística de avistamientos por parte de los aficionados a la pesca que, permaneciendo noches enteras a la vera del río, han tenido la oportunidad de observar los más variados fenómenos vinculados a sucesos aéreos de naturaleza desconocida; incluso, en esta serie de relatos, me propongo echar mano alguna vez de un par de experiencias relatadas por testigos presenciales, algunas que incluso podrían ser descritas como sobrecogedoras...
 
Mapa con el trazado de la ruta provincial 123 y la ubicación de
Chavarria (Departamento San Roque) y Felipe Yofré  (Departamento 
Mercedes) en la Provincia de Corrientes, localidades entre las
cuales se produjo la observación en su mayor parte.
 Crédito: weather-forecast.com
Estando a bordo de un micro de larga distancia, y circulando en dirección noroeste-sudeste (mi destino era la ciudad de Curuzú Cuatiá, al sur de la provincia), tuve oportunidad de observar, en los primeros kilómetros que transitábamos sobre la ruta en cuestión, un objeto luminoso que se desplazaba en el mismo sentido de circulación del micro, sobre la mano derecha de la ruta, y a una distancia que podría estimarse alrededor del kilómetro campo adentro, por lo cual me resulta imposible decirles si el singular fenómeno involucraba algún sonido en particular, o si debiese describir la ausencia del mismo como una característica peculiar del avistamiento. 

La forma del objeto era, por decirlo de un modo sencillo, la de un guisante: convexa sobre la sección superior y cóncavo en la zona que podríamos denominar ventral, y es notable como parecía emitir su propia luminiscencia, cosa que haría imposible especular acerca de que el objeto estaba siendo iluminado por una fuente externa de luz. Emitía una leve coloración verdosa, apenas adivinable sobre el color blanco que predominaba en aquella forma, aunque cabe decir que en algún momento de la observación, fue posible observar un leve tinte naranja sobre la zona que, de acuerdo a su sentido desplazamiento, podríamos llamar el frente del objeto. Estimo su tamaño en unos 7 metros de longitud y unos 3 de altura. En todo momento, la velocidad de aquello fue muy similar a la nuestra, alrededor de los 90 km/h,  llegando en algún momento a circular por unos 200 metros delante de nuestra línea de marcha, no sin antes recorrer muchos kilómetros a la par del colectivo para ubicarse en una posición aventajada respecto de nuestra ubicación en el camino. Se diría que volaba a no más de 20 metros del suelo, ya que muchas veces escapaba a nuestra visión, por las recurrentes arboledas de eucaliptus (la zona tiene una nada desdeñable industria maderera, traducible en varios aserraderos) que se interponían entre el objeto y nosotros. Cada vez que veíamos reaparecer el objeto detrás de la copa de los árboles (me refiero a otra pasajera de la planta baja, que intentó un par de veces fotografiar el fenómeno con su teléfono celular - intento por demás infructuoso-, uno de los choferes que llevaba las novedades a su colega al volante, y quien les habla) renovábamos nuestro asombro, y por más de un motivo, empezábamos a inferir que aquella observación no solo no tenía nada de casual, sino que podría decirse que de alguna manera nuestra participación en la misma sobrepasaba el papel de meros observadores.
 
Justo antes de atravesar el puente que sortea el curso del río Corriente, existe una pronunciada curva a la izquierda, por lo cual, una vez emprendido el viraje en esa dirección, todo indica que tendríamos que estar alejándonos de manera sensible de aquél fenómeno aéreo anómalo; pero una vez atravesado dicho puente, pudimos comprobar que la distancia del objeto respecto de nosotros se mantenía constante, lo cual no podía significar otra cosa que aquello se desplazaba paralelo a la ruta, siguiendo incluso sus sinuosidades, o de manera más sobrecogedora, podíamos especular que aquello estaba emprendiendo una auténtica persecución sobre nuestro vehículo. Recuerdo haber soltado un ampuloso ¡guau! en aquél momento, buscando despertar a algún que otro pasajero que presencie aquella particular visión, pero apenas pude notar como más de uno se acomodaba para seguir durmiendo, sin interesarse demasiado en los tres que estábamos reunidos cerca de la escalera del micro. La sucesión de visualizaciones e invisibilidades de aquél objeto pareció finalizar en las proximidades del pueblo de Felipe Yofre, unos 50 km. más adelante de donde había comenzado el avistamiento. Grande fue nuestra sorpresa cuando, una vez alejados del halo luminoso de la zona urbanizada, el objeto reaparece a nuestra derecha, aunque visiblemente más apartado de nosotros; su velocidad era similar, y todo indica que mientras atravesábamos Yofre, habría girado levemente a su derecha. El avistamiento solo continuaría por unos 5 minutos más (duración notable, sin embargo, menos extensa que la primera parte de la observación).
 
Mucho hemos especulado con amigos acerca de que pudo haber sido aquello. No es por nadie desconocido el hecho de que los contrabandistas (en particular los de cigarrillos) se valen de avionetas para incursionar en el territorio provincial, operando siempre desde pistas improvisadas en pleno campo. Estos vuelos clandestinos deberían realizarse en absoluto silencio de radio, para que sus transmisiones no puedan ser interceptadas por la policía de la provincia, o la misma Gendarmería, y no sería descabellado pensar que aviones que cuenten con una instrumentación de vuelo relativamente espartana, desprovistos de los usuales mapas aéreos, bien podrían usar la ruta 123 como referencia para seguir un determinado curso hasta el lugar establecido para el aterrizaje. Sin embargo, es difícil imaginarse una trayectoria de vuelo más visible y expuesta a ser interceptada, como volar paralelo a una ruta, máxime a una distancia tan corta como la descripta. Además, aquel aparato carecía de las luces de posicionamiento, propias de cualquier avión en un vuelo nocturno. Queda descartada desde el principio la presencia de un dirigible en la zona. Como bien les dije, lo mío no es más que un relato de un suceso del que no queda más que mi testimonio. No puedo pedir a nadie que crea a pies juntillas todo lo que aquí describo. Y como bien procuré aclarar desde el comienzo, aquello no era para mí más que un OVNI. Es decir, un objeto volador no identificado. Nunca más adecuadas semejantes siglas.
2 de Diciembre de 2013
 
* Corresponsal de OVNIS en Corrientes en Curuzú Cuatiá - Corrientes
** Imagen a título de ilustración